Un enfoque basado en la neurociencia del apego sostiene que muchas rupturas no son definitivas, y ya lo han seguido miles de hombres que creían haber perdido a su pareja para siempre.
Durante años se asumió que, tras una ruptura, la única salida saludable era «pasar la página». Pero un creciente cuerpo de investigación sobre la teoría del apego apunta en otra dirección: el cerebro no cierra de un día para otro los vínculos emocionales más intensos.
La psicóloga clínica Camila Herrera, especialista en neurociencia del apego, ha popularizado un enfoque al que llama «el bucle abierto». Se apoya en un fenómeno documentado desde 1927, el efecto Zeigarnik, según el cual la mente retiene con más fuerza aquello que quedó inconcluso.
De acuerdo con Herrera, existiría una «ventana de reconexión» que se abre en las semanas posteriores a una separación. Actuar dentro de ella, con los pasos correctos, marcaría la diferencia entre reconstruir el vínculo o perderlo. Fuera de ese margen, el mismo comportamiento puede producir el efecto contrario.
El enfoque ya lo han aplicado miles de hombres en 14 países de habla hispana, y su puerta de entrada es un breve test que, en unos dos minutos, estima en qué «estado» se encuentra el vínculo con su ex y cuánto margen quedaría para actuar.
En redes, varios de ellos han compartido su experiencia: